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Prueba ahora gratisEntender una nómina puede parecer complicado al principio, pero en realidad, todo se resume en tres grandes bloques. Piénsalo así: primero están los devengos, que es la suma de todo lo que la empresa te paga en bruto. Luego vienen las deducciones, que es lo que se te resta para tus cotizaciones e impuestos. Y finalmente, el líquido a percibir: el dinero que, de verdad, llega a tu cuenta bancaria.
Dominar estos tres conceptos es el primer paso para tener el control de tus finanzas personales.
La nómina es mucho más que el papel que confirma que has cobrado. Es el documento legal que sella la relación económica entre un trabajador y su empresa. Imagínala como el mapa detallado de tu salario: no solo te muestra el destino final (el dinero neto), sino cada parada y desvío del camino, desde tu sueldo base hasta los impuestos que aseguran tu futuro.

Para cualquier responsable de equipo o gerente, sobre todo en sectores tan movidos como la hostelería o el comercio, donde los horarios y los pluses varían constantemente, descifrar este documento es fundamental. Una nómina bien hecha no solo evita sanciones, sino que construye confianza.
Cuando un empleado entiende cada línea de su nómina, desde un extra por nocturnidad hasta la retención del IRPF, siente que no hay nada que ocultar. Esta transparencia genera confianza, mejora la satisfacción y hace que el equipo se sienta valorado de verdad.
Para un negocio, la nómina no es un mero trámite administrativo. Es una herramienta estratégica que refleja la salud financiera de la empresa, el cumplimiento normativo y, sobre todo, el compromiso con la transparencia y el bienestar de su equipo.
Entender bien las partes de la nómina es igual de importante para quien la prepara como para quien la recibe. A continuación, vamos a desglosar cada apartado para que puedas leerla sin dudas. Esta guía te ayudará a:
Herramientas como las que ofrecemos en Shyfter automatizan gran parte de estos cálculos, minimizando errores y dejándote más tiempo para lo que de verdad importa: la gestión de tu gente. Aun así, tener una base sólida sobre qué significa cada apartado te permitirá tomar mejores decisiones y resolver cualquier duda que pueda surgir en tu equipo.
Cuando tienes una nómina en la mano, lo primero que ves es el encabezado. Piénsalo como si fuera el DNI de tu contrato de trabajo: ahí están todos los datos clave que te identifican a ti como trabajador y a la empresa que te paga. Cada campo es importante, porque un simple baile de números o una letra mal puesta puede acabar generando un lío administrativo o fiscal.
Esta primera parte de la nómina sienta las bases legales y contractuales de todo el documento. Por el lado de la empresa, es obligatorio que figure su razón social, domicilio fiscal, el CIF y su Código de Cuenta de Cotización. Este último es, básicamente, el número con el que la Seguridad Social la tiene fichada.
Por tu parte, la información es igual de crucial. Es fundamental que compruebes que tu nombre completo, DNI y número de afiliación a la Seguridad Social están perfectos. La precisión aquí es vital, ya que asegura que cada euro que cotizas vaya directamente a tu historial laboral, algo que te afectará directamente en el futuro a la hora de cobrar el paro o la jubilación.
Pero hay dos datos en este bloque a los que a menudo no se les presta la atención que merecen: el grupo profesional y la antigüedad.
Tu antigüedad y tu grupo profesional no son simples formalidades. De ellos dependen directamente complementos salariales, los días de vacaciones que te tocan o incluso el dinero que recibirías en una indemnización. Un error aquí puede suponer una pérdida económica a largo plazo.
En sectores con convenios muy específicos, como la hostelería o el comercio, estos dos campos son especialmente delicados. El grupo profesional marca tu salario base mínimo y los pluses que te corresponden, mientras que la antigüedad puede activar pagos extra por llevar tiempo en la empresa.
Que toda esta información esté siempre al día es una responsabilidad de ambos, empresa y trabajador. Un buen sistema de gestión de personal, como el que ofrece Shyfter, centraliza estos datos para que el riesgo de error sea mínimo y cada nómina salga impecable. Esto no solo te ahorra disgustos y reclamaciones, sino que garantiza que tus condiciones laborales se están aplicando como toca.
Vamos al lío. Cuando miras tu nómina, la primera gran cifra que salta a la vista es la de los devengos. Piensa en ellos como el punto de partida, la suma de absolutamente todo lo que la empresa te paga antes de que empiecen a aplicarse las deducciones. En pocas palabras, es tu salario bruto: el importe total que has generado con tu trabajo durante ese mes.

Para quienes gestionan equipos en sectores tan dinámicos como la hostelería o el retail, entender y calcular bien los devengos es crucial. ¿Por qué? Porque suelen incluir conceptos muy variables que cambian de un mes para otro, como las horas extra en rebajas o las propinas en un fin de semana movido. Si quieres profundizar en este tema, te recomiendo echar un vistazo a nuestro artículo sobre qué es el sueldo bruto para tener una visión completa.
Ahora bien, los devengos se dividen en dos grandes bloques que es fundamental diferenciar: las percepciones salariales y las no salariales. Esta distinción no es un simple tecnicismo, es la clave que determina qué parte de tus ingresos cotiza a la Seguridad Social y cuál está exenta.
Aquí entra todo lo que cobras directamente como recompensa por tu trabajo. Estas cantidades son las que cotizan a la Seguridad Social y, por tanto, construyen la base para tus futuras prestaciones, como el paro o la jubilación.
A diferencia de las anteriores, las percepciones no salariales no son un pago por tu trabajo, sino una forma de compensarte por gastos que has tenido que asumir para poder hacerlo. La regla general es que no cotizan a la Seguridad Social, siempre que no superen los límites que marca la ley.
Estas percepciones son compensaciones, no un premio. Su objetivo es cubrir un gasto que el trabajador ha adelantado para la empresa, como un desplazamiento o una comida fuera de la oficina, por lo que no forman parte del salario como tal.
Entender esta diferencia es vital para planificar y gestionar las nóminas correctamente.
Al sumar todas estas percepciones, tanto las salariales como las no salariales, obtenemos el Total Devengado. Este es el número que verás al final de esta sección en tu nómina y es la cifra a partir de la cual se empezarán a restar las deducciones que veremos a continuación.
Una vez tienes claro el total devengado, llega el momento de la verdad: entender por qué esa cifra tan atractiva no es la que aterriza en tu cuenta bancaria. La respuesta está en las deducciones, las cantidades que, por ley, se restan de tu salario bruto para contribuir al sistema público. Lejos de ser un castigo, estas aportaciones son la auténtica columna vertebral de nuestro estado del bienestar.
Imagina que tu salario bruto es una tarta entera. Antes de llevártela a casa, tienes que dejar algunas porciones para un fondo común. Estas porciones financian la sanidad pública, las prestaciones por desempleo, las pensiones de jubilación y la formación que nos permite seguir creciendo como profesionales. Sin estas deducciones, nada de eso sería posible.
Este apartado de la nómina es fundamental. Ayuda a que tanto el equipo de RRHH como el propio trabajador comprendan el valor real de su compensación y su contribución a la sociedad. Ahora, vamos a meternos de lleno a desglosar las partidas principales.
La primera gran dentellada a la tarta corresponde a tus cotizaciones a la Seguridad Social. Es tu contribución directa y solidaria al sistema, un dinero que se destina a cubrir distintas situaciones que podrías afrontar a lo largo de tu vida laboral.
Estas aportaciones se calculan aplicando un porcentaje fijo sobre tu base de cotización. Aunque la empresa también pone de su parte una cantidad mucho mayor (la llamada cuota patronal), en tu nómina solo verás reflejada tu parte.
Las aportaciones del trabajador se dividen en varios conceptos clave:
La segunda gran deducción es la retención a cuenta del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF). Piénsalo como un adelanto que haces a Hacienda cada mes sobre el impuesto anual que te tocará pagar. La empresa simplemente actúa como intermediaria, reteniendo una parte de tu sueldo para ingresársela directamente a la Agencia Tributaria en tu nombre.
La retención del IRPF no es un impuesto final, sino un pago a cuenta. Su objetivo es evitar que tengas que pagar una cantidad muy grande de golpe cuando hagas la declaración de la renta al año siguiente.
El porcentaje de IRPF que se te aplica no es café para todos. Depende de dos factores principales:
Por este motivo, dos trabajadores con el mismo sueldo bruto pueden tener retenciones de IRPF muy diferentes. Entender cómo funciona este impuesto es clave, y si quieres profundizar, puedes consultar nuestro artículo que explica al detalle qué son las retenciones y cómo te afectan.
Aunque las cotizaciones a la Seguridad Social y el IRPF son las deducciones estrella, en tu nómina pueden aparecer otros conceptos que resten dinero de tu salario bruto. Estos suelen ser más específicos y no se aplican a todo el mundo.
Aquí tienes algunos ejemplos que podrías encontrar:
La suma de todas estas deducciones (Seguridad Social, IRPF y las que correspondan) da como resultado el Total a Deducir. Y ahora sí, al restar esta cifra del Total Devengado, finalmente obtenemos el Líquido Total a Percibir. ¡Ese es el dinero que va a tu bolsillo
Si los devengos son el motor de tu salario y las deducciones el combustible que mantiene nuestro sistema público, las bases de cotización son el cuentakilómetros que registra cada kilómetro de tu vida laboral. Puede que no las veas como un dinero que entra o sale directamente de tu bolsillo cada mes, pero créeme, son una de las cifras más importantes de tu nómina.
Piensa en ello como si cada mes estuvieras metiendo dinero en una hucha para el futuro. La base de cotización es, ni más ni menos, la cantidad que la Seguridad Social considera que has aportado a esa hucha. Cuanto mayor sea, más protegidos estaréis tú y tu familia ante cualquier imprevisto, ya sea una baja médica, el desempleo o, mirando más lejos, tu jubilación.
En tu nómina verás que este concepto se desglosa en varias cifras. Entender qué significa cada una es clave, sobre todo para quienes gestionan equipos en sectores con mucha rotación o contratos a tiempo parcial, como la hostelería o el comercio, donde un cálculo preciso garantiza la protección de cada empleado.
Aunque hay varias, dos son las que realmente marcan la diferencia:
Base de Cotización por Contingencias Comunes (BCCC): Esta es la pieza central. Se calcula sumando tu remuneración mensual (salario base más complementos) y añadiendo la parte proporcional de las pagas extras. Es la referencia que se usará para calcular cuánto cobrarás si tienes una enfermedad común, un accidente fuera del trabajo o, el día de mañana, para tu pensión de jubilación.
Base de Cotización por Contingencias Profesionales (BCCP): Es muy parecida a la anterior, pero con un matiz importante: aquí también se suman las horas extraordinarias que hayas hecho. Su objetivo es protegerte ante situaciones que ocurren por el trabajo, como un accidente laboral o una enfermedad profesional.
Tener una base de cotización correcta no es un simple trámite administrativo. Es la garantía de que, si un día necesitas una prestación, esta reflejará de forma justa el valor de tu trabajo y lo que has aportado al sistema.
Por eso es tan importante que las nóminas se gestionen con absoluta precisión. Herramientas como las que ofrece Shyfter son un salvavidas en este sentido, ya que automatizan estos cálculos y se aseguran de que las bases siempre reflejen la realidad de cada contrato y cada hora trabajada. Esto evita errores que, a la larga, pueden salir muy caros.
La gestión correcta de estas bases es más importante que nunca. El mercado laboral español está mostrando una fuerza increíble, con la Seguridad Social sumando medio millón de afiliados por cuarto año consecutivo hasta alcanzar los 21,9 millones de ocupados. Este crecimiento se nota especialmente entre los jóvenes menores de 30 años y los mayores de 55, donde la ocupación ha crecido más de un 23%. Además, el número de mujeres afiliadas ha llegado a un récord histórico con más de 10,3 millones, lo que demuestra la importancia de una cotización precisa para todos. Si quieres ver más datos, puedes consultarlos en este informe oficial.
Entender cómo tus cotizaciones sostienen el sistema es fundamental. Si quieres profundizar un poco más en el concepto de las contingencias comunes, que es la partida más importante que financias con tu BCCC, te recomendamos leer nuestro artículo donde te explicamos en detalle qué son las contingencias comunes y de qué te protegen exactamente.
La teoría está muy bien, pero donde de verdad se entienden las cosas es con un caso práctico. Vamos a meternos en faena y a desglosar la nómina de un camarero en un restaurante concurrido, un escenario del día a día para cualquier gerente de RR. HH. o dueño de un negocio de hostelería.
Construiremos su nómina paso a paso, desde el salario bruto hasta el dinero que finalmente llegará a su cuenta.
Lo primero es sumar todo lo que el trabajador ha generado. Esto es lo que llamamos devengos, la cifra total antes de aplicar ninguna retención. Es, por así decirlo, el punto de partida.
Si sumamos todos estos conceptos (1.250 + 208,33 + 40 + 60), nos da un Total Devengado de 1.558,33 €. Este es su salario bruto mensual.
Ahora llega el momento de restar. Al salario bruto hay que aplicarle las deducciones obligatorias que marca la ley. Esto es lo que convierte el salario bruto en el salario neto, el que de verdad importa al trabajador.
Sumando todas estas pequeñas cantidades (71,36 + 23,53 + 1,52 + 2,82 + 155,83) nos da un Total a Deducir de 255,06 €.
Este diagrama lo explica visualmente: las cotizaciones no son un gasto perdido, sino una inversión directa en la seguridad futura del empleado.

Cada euro que se cotiza va a un fondo que le cubrirá en caso de baja, si se queda en paro o cuando llegue el momento de su jubilación.
Y ahora, el cálculo final. Para saber lo que va a cobrar, restamos las deducciones de los devengos: 1.558,33 € - 255,06 € = 1.303,27 €. Este es el famoso líquido a percibir, el dinero que se ingresará en la cuenta bancaria del trabajador.
Aunque el cálculo para una persona es sencillo, la cosa se complica bastante cuando tienes que gestionar a toda una plantilla. Por eso, herramientas como las de Shyfter automatizan todo este proceso, asegurando que no haya errores y liberando un tiempo que vale oro.
Para terminar esta guía sobre las partes de una nómina explicadas, es lógico que todavía queden algunas preguntas en el aire. Vamos a resolver esas dudas concretas que suelen surgir tanto en los equipos de RR. HH. como entre los propios trabajadores, sobre todo en sectores tan dinámicos como la hostelería y el comercio.
Estas respuestas directas y al grano te ayudarán a asentar los conceptos más importantes y a manejar cualquier consulta con total seguridad.
Esta es, sin duda, la pregunta del millón, especialmente en plantillas con salarios estables. Aunque tu bruto no se mueva, el dinero que llega a tu cuenta puede tener pequeñas variaciones por varias razones.
Lo más habitual es que se deba a ajustes en la retención del IRPF. A lo largo del año, la Agencia Tributaria puede recalcular tu porcentaje para que se adapte mejor a tu situación real y así evitarte un susto en la declaración de la renta. Otras causas pueden ser el pago de alguna hora extra puntual, una baja médica que modifique las bases de cotización o incluso el ajuste de algún complemento salarial.
Tener las pagas extra prorrateadas es muy sencillo: en lugar de recibir dos "pagas dobles" en momentos clave del año (normalmente verano y Navidad), el importe total de esas pagas se divide en 12 partes iguales. Cada mes, una de esas partes se suma a tu salario.
El prorrateo no significa que cobres menos, solo cambia la forma de distribución. Tu salario anual total se divide en 12 mensualidades más altas y constantes. Es una práctica muy común en contratos temporales o en sectores con mucha rotación, como la hostelería o el retail, porque simplifica la gestión.
Así, tu nómina mensual parece más alta, pero si haces la cuenta anual, el salario bruto es exactamente el mismo que si las cobraras por separado.
Tu nómina solo muestra la parte de la cotización que te corresponde a ti como trabajador. La aportación que hace la empresa, que se conoce como cuota patronal, es bastante más alta (ronda el 30-32% de tu base de cotización) y no aparece en tu recibo de salario.
Esta cuota patronal es la que de verdad sostiene el sistema público, financiando la mayor parte de las prestaciones como el desempleo, la jubilación o las bajas por enfermedad. Aunque no la veas, es un coste laboral clave que la empresa asume por cada empleado y la pieza angular de nuestro sistema de protección social.
Aunque los conceptos básicos de la nómina son iguales para todos, el tipo de contrato sí tiene un impacto directo en algunos cálculos. Las diferencias más importantes son:
Comprender estas diferencias es fundamental para gestionar bien al personal y para poder explicar con claridad a cada persona de tu equipo cómo su contrato se refleja en lo que cobra cada mes.
En Shyfter, sabemos que la gestión de nóminas es mucho más que hacer números; es generar claridad, confianza y eficiencia. Nuestra plataforma te ayuda a automatizar todos estos cálculos complejos, asegurando que todo esté correcto y liberándote tiempo para que te centres en lo que de verdad importa: tu equipo. Simplifica la planificación de horarios y la gestión de RR. HH. con una herramienta diseñada para tu sector. Descubre cómo en https://shyfter.co/es-es.
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